¿Cómo situarse dentro de un contexto económico cuando uno no tiene como objetivo inmediato la acumulación de riquezas?
¿Es posible situarse en un juego económico cuando uno es consciente de que muchas de las decisiones que toma son poco racionales y tienen pocos visos de ser las más acertadas?.
A veces es complicado entender cómo una esfera como la de la producción cultural, y de forma más extensa, las industrias culturales, laureadas por muchos como “el futuro de la economía”, puedan estar operando y basando su funcionar sobre unas condiciones de trabajo tan irregulares (por no usar un término mal sonante) y con una insuficiencia de medios tan evidente. Dado que esta es la situación, cabe preguntarse cuales son las razones que mueven a las y los productores culturales a seguir trabajando cuando son conscientes de cual es su verdadero techo de crecimiento económico. (...)
¿Es la voluntad de trabajar en la producción cultural un motor suficiente como para conseguir mantener a los productores culturales trabajando pese a saber que no van a ser correctamente remunerados por su trabajo? ¿Tiene razón Pierre Bourdieu al asegurar que los productores culturales trabajan con la mente puesta en acumular capital simbólico con la idea de recuperar la inversión en un futuro lejano cuando este se convierta en económico? Ambas posibilidades pondrían en cuestionamiento ciertos preceptos de la economía neoclásica, entre ellos que toda decisión dentro de la economía se hace siguiendo objetivos egoístas, y todas las decisiones se hacen esperando una recompensa económica.(...)
Con esto no queremos dar a entender que las leyes de la economía no se cumplen en la esfera de la producción cultural sino que en muchos casos éstas se ven desbordadas por la realidad específica de este campo, que es mucho más compleja y donde los intereses que lo surcan son mucho más difusos. Parte de las razones que nos hacen formular esta postura radican en que de una forma empírica hemos constatado que mucha de la gente con la que trabajamos o conocemos, que dirigen pequeñas empresas culturales o que están dedicados a la producción cultural no tienen como objetivo último enriquecerse con su actividad(!!!) (...)
Estamos acostumbrados a hablar con gente que consideraría que realizar un proyecto cultural sin tener pérdidas económicas ya es un verdadero éxito. Ganar dinero con ello ya ni se plantea. (...) Al omitir la acumulación económica como objetivo inmediato y suspenderlo en el limbo del futuro por venir, al introducir sistemas de valores completamente distintos en la esfera económica (reconocimiento social, visibilidad, necesidad de comunicación, vocación, etc.) se pone de manifiesto que no todas las decisiones que se toman tienen un carácter racional, no son completamente meditadas. Todo esto nos hace plantearnos que posiblemente en el campo se esté produciendo una fuga de valores, es decir, que gran parte del valor del trabajo generado por las y los productores culturales se materialice en espacios ajenos a ellos.La desigualdad de recursos con los que una se enfrenta a todo el sector va a hacer que los objetivos de los diferentes agentes que lo pueblan sean completamente distintos. No es igual tener aspiraciones artísticas y ser hijo de familia burguesa que tener un origen humilde y aspirar a ganarse la vida realizando trabajos culturales. Este ejemplo demagógico y simplista no deja de reflejar una realidad del campo, y es que una parte importante de los actores que lo pueblan proceden de familias pudientes, o dicho de otra manera, sólo teniendo un background económico importante puede uno permitirse en muchos casos mantener un trabajo precario durante un lapso de tiempo suficiente como para ‘consagrarse’ y entrar a jugar en la liga profesional de la cultura. Con esto no pretendemos poner en cuestionamiento el trabajo que estas personas puedan llegar a desarrollar, tan sólo indicar que el hecho que no exista una red de apoyo con carácter estructural en el sector va a ir en detrimento de aquellas personas con menos recursos o capacidad de acceso a ellos.
En ese sentido comprobamos lo cerca que están dos formas de entender la economía que sobre el papel parecen completamente encontradas: los discursos en torno a la precariedad y los argumentos que jalean una actitud “emprendedora”. Sólo entendiendo esta cercanía se pueden dar respuesta a una de las preguntas que formulábamos al principio de esta introducción, ¿cómo situarse dentro de un contexto económico cuando a una no le interesa especialmente la acumulación de riquezas?
Creemos que esta falta de interés por la acumulación no responde a una nueva forma de generosidad que aqueje a las y los productores culturales, ni tiene que ver con un altruismo inusitado que embargue todas sus decisiones, sino que tiene que ver con una adecuación de los objetivos a la realidad del campo.
Creative Commons YP, Septiembre 2006.
Creative Commons YP, Septiembre 2006.
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