05 enero 2007

Eragon

You are stronger than you realize. Wiser than you know. What was once your life is now your legend.

La adaptación cinematográfica de El Señor de los Anillos, de Tolkien, se convirtió en un fenómeno de masas. Tampoco le fue mal a El león, la bruja y el armario, versión fílmica de la primera entrega de Las crónicas de Narnia, de C.S. Lewis. No es extraño que otros productores y cineastas traten de sacar tajada al enorme tirón de las novelas juveniles de fantasía. Al veteranísimo experto en efectos especiales Stefen Fangmeier, que ha trabajado en Parque Jurásico y El caso Bourne, le ha tocado la papeleta de llevar a las pantallas, en su debut cinematográfico un caso insólito de sucedáneo tolkieniano. Eragon es la obra de un joven ‘friqui’ apasionado de Tolkien y el género fantástico, que empezó a escribir esta obra con quince años, fusilando pasajes de sus películas y novelas favoritas. Sus padres tenían una pequeña editorial y lo publicaron, y un editor de una empresa más grande consiguió convertirlo en un auténtico best-seller. Se supone que es el primer volumen de la trilogía ‘El legado’, a la que siguen ‘Eldest’ y un tercer título, aún en gestación.

La acción transcurre en Alagaësia, mundo mítico deudor de Narnia y la Tierra Media. El tal Eragon es un quinceañero de una aldea, que encuentra en medio del bosque una especie de gema gigante, que resulta ser un huevo de dragón. Cuando se abre, sale de su interior una dragona que se comunica mentalmente con Eragon, y dice llamarse Saphira. Los soldados del despótico emperador Galbatórix acuden al lugar en busca de Eragon y matan a su tío, por lo que debe poner pies en polvorosa con ayuda de Brom, un anciano experto en dragones y magia.

El gran lastre del film es su falta de elementos originales. Especialmente significativas resultan las referencias a La guerra de las galaxias, con la que se pueden sacar muchas, demasiadas similitudes. Existe un joven granjero, rubio, que vive con su tío y que mira al horizonte en un plano que sólo se diferencia de su equivalente en Star Wars, en que en aquel había dos soles, y aquí sólo uno. Cuando matan a su tío, se va con un maestro, igualito que Obi-Wan Kenobi, ¡a rescatar a una princesa!, mientras le persigue un tipo oscuro que se comporta como Darth Vader.

En comparación con El Señor de los Anillos, las batallas y secuencias de acción parecen de serie B, como si estuviéramos ante un spaguetti-western de fantasía heroica. Los personajes están sacados de un manual del buen guionista de aventuras, y las frases parecen poco trabajadas. Eso sí, al menos mantiene el interés, mientras que los efectos especiales se pueden aceptar si uno olvida los filmes de Peter Jackson por un momento. Los actores se esfuerzan, teniendo en cuenta las circunstancias, y hasta Jeremy Irons logra salir de la papeleta con más dignidad que en Dragones & Mazmorras, su otra incursión en el subgénero de dragones, que era patética. Y subyacen ligeramente algunas reflexiones, presentes en los modelos imitados, sobre la justicia, la lealtad, el bien y el mal, la superación personal y el sacrificio.



Un guión atado con alambres, falta profundidad y queda a mitad de camino, le falta el peso de un buen director, es la primera pelicula de un ex-supervisor de efectos especiales, así que en ese aspecto no se puede criticar:

★★★

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